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lunes, 30 de mayo de 2011

(Cuba) La tumba de La Milagrosa

Por: José Antonio Roldán



  Todas aquellas personas que creen en la posibilidad de la existencia real de la intercesión divina en forma de milagro lo tienen algo difícil a la hora de focalizar sus rezos, plegarias y peticiones para que uno de esos portentos les sea concedido. No siempre se tiene claro a qué advocación de la Virgen se tiene uno que dirigir, ni a qué santo suplicar ni encomendársele en una oración. Sin embargo, en el cementerio Cristóbal Colón de La Habana, muchos de esos fervientes creyentes ven cumplida su primera petición, ya que desde hace más de un siglo allí se encuentra enterrada Amelia Francisco de Sales Adelaida Ramona Goyri y de la Hoz a la que se rebautizó hace decenios con el sobrenombre de “La Milagrosa”.




  "No está canonizada oficialmente, pero está santificada por el pueblo" apuntó Teresa Aloy, historiadora del camposanto cubano. Y es que son muchas las leyendas e historias que corren por el folklore popular entorno a la figura de Goyri. Una de las que más se ha transmitido de generación en generación ha sido, sin duda, la que nos cuenta como durante el principio de la segunda década del siglo XX, concretamente en 1914, la cripta donde fue enterrada junto a su bebé fue abierta, para dar cobijo eterno a su suegro. Por aquella época y ante lo que vieron al exhumar los cadáveres de ella y el infante, el mito de La Milagrosa creció hasta nuestros días.

  A pesar de ser una dama de alta alcurnia su vida, su tía era Inés de Balboa, esposa del marqués Pedro de Balboa,no fue nada fácil, Doña Amelia tuvo que esperar que su progenitor muriese para poder contraer matrimonio con el hombre que amaba el 25 de Junio de 1900. “Tras quedarse en cinta su débil salud le pasó factura muriendo en el transcurso del parto el 3 de mayo de 1901, cuando sólo contaba con 23 años de edad”, según nos comentó Emiliano Cardoso Flores, vigilante de cementerio y responsable de la tumba de Amelia. Su marido, José Vicente Adot y Rabell, enloqueció y hasta que murió en 1941, fue a diario ante su lápida para golpear con fuerza la aldaba, entre frecuentes gemidos y gritos, mientras decía: “Amelia, despierta”. Una de las sorpresas que se llevaron los enterradores y las personas allí reunidas es que el cuerpo de Amelia estaba completamente intacto cuando su esposo el 3 de diciembre de 1914 entierra en la misma bóveda a su padre recién fallecido. La otra fue cuando algunos de los trabajadores de la necrópolis que una década atrás habían participado en su entierro recordaron que el cadáver del recién nacido se le había colocado, por cuestiones de espacio, en los pies y ante sus ojos vieron que la fallecida sostenía maternalmente a su hijo entre sus brazos. Algunos creyeron comprender entonces hechos sobrenaturales o milagrosos que se le habían atribuido a la ocupante de dicho sepulcro desde el mismo día de su fallecimiento. Inspirado en dicha historia de amor el escultor cubano José Vilalta Saavedra, realizó en 1909 una obra en tamaño natural en mármol de Carrara, “donde representó la figura de una mujer joven cuya vista se dirige hacia lo alto en señal de fe y con un niño recién nacido en brazos”, según Aloy. Una estatua basada en la imagen cristiana de la Virgen María, casi a la entrada del cementerio en la parte Noreste, que muestra que la tumba está en una zona católica y no en la parte Sudeste en la que los practicantes de la religión yoruba son enterrados y que fue una premonición de lo que posteriormente se encontraría en la bóveda, ya que al igual que la escultura Amelia sostenía a su bebé nonato entre sus maternales brazos.

  Desde entonces es incesante el flujo de devotos que pasan ante la tumba para pedirle que les ayude en sus problemas cotidianos, de salud, económicos, etc. Así no faltan los ramos de flores ni los mensajes de agradecimiento sobre presuntas curaciones achacadas  a la ayuda de Goyri.

  El camposanto de Colón, construido en 1871 con un trazado de avenidas y calles similares a una ciudad romana, ocupa unas 56 hectáreas de extensión, haciéndolo el cementerio más grande de América. Hasta allí se acerca frecuentemente Ismay Marin, que a sus 25 años de edad le suele llevar flores para pedirle ayuda en sus problemas de salud. Para ello, como manda la tradición no escrita pero si impresa en el devenir de los años y las gentes, golpea tres veces la aldaba del mausoleo para llamar su atención. Después da una vuelta alrededor de la sepultura, de la cual se tiene que retirar sin dar nunca la espalda. Según uno de los guardas del recinto, Norberto Cabrera, la gente en su mayoría se acerca al cementerio a visitar la tumba de La Milagrosa y si va a ver alguno de sus familiares (en el cementerio Cristóbal Colón se inhuman el 70% de óbitos de La Habana) y otros vienen en busca de joyas o de huesos para hacer brujería. Aunque se utilizan otros ceremoniales más abreviados allí en la tumba de La Milagrosa, contentándose con andar hacia atrás para no dar la espalda a la estatua de Doña Amelia, situada a poca distancia de la Capilla Central de la Necrópolis.





¿Se producen milagros?


  Desde hace varios lustros María Antonia Ruiz, historiadora y ex directora de una biblioteca pública, es la encargada de mantener limpia la tumba. Se mantuvo en su trabajo hasta enfermar gravemente de los nervios, la medicina tradicional no alivió sus dolores y fue declarada exenta de su trabajo. Se sumió en una larga depresión. Un día paseando por la necrópolis habanera se enterneció ante la visión de una familia rezando ante la tumba de Goyri y desde entonces sus visitas a la tumba son diarias. "Hay quien piensa que estoy todavía más loca por hacer esto, pero estar aquí me ayuda. Me siento útil para mucha gente. Y... eso, me ha devuelto la autoestima", comenta María Antonia, que dice haber sufrido un cambio radical en su mal desde que ocupa parte de su tiempo en esas labores.


  En torno a la imagen de La Milagrosa aparecen toda clase de mensaje en papeles meticulosamente doblados e incluso ropitas de los niños que le fueron encomendados. El encargado oficial de la tumba, Emiliano Cardoso ya ha perdido la cuenta de todas las placas grabadas, papeles y objetos varios que se colocan allí para agradecerle alguna curación o acto benigno que sus dueños han tenido en sus vidas, después –según ellos- de encomendarse a Goyri. Las flores son tantas las que llegan a ponerse en la tumba, que Cardoso tiene que hacer varios viajes a lo largo del día para despejar un poco la zona, llevándolas a un almacén.

Otras ofrendas que podemos encontrar junto a la lápida de La Milagrosa son cocos, botellas de ron, paquetes de tabaco a medias, frutas, velas, lamparitas, etc

  "Se viene aquí siempre que se tiene un problema. Es una creencia que nos ayuda", comenta Gloria María Hernández, procedente de Granma, provincia al Este de la isla. En los casos de peticiones de fertilidad nos encontramos con Florentina Abrego, de La Habana, que se acerca hasta la tumba “milagrosa” cada vez que debe acontecer algún embarazo en su familia. “Hasta ahora, ella me ha concedido todo que pregunto. Mire todos los milagros aquí. Muchos milagros", comentaba mientras señalaba las ofrendas allí dejadas. Otra mujer, María de Los Angeles dejó una nota que ponía:"Milagrosa, gracias por concederme el milagro de curar a mi hijo Manolito. Nunca le olvidaré".


  La anciana de 70 años de edad Josefa Filloy Rodríguez, residente en la calle Conill, número 305, apartamento 2, entre Factor y Este, en el Nuevo Vedado, de la localidad Plaza de la Revolución, visitó la tumba Amelia Goyri para pedirle una silla de ruedas para poder trasladarse.

  Filloy, está enferma desde 1982 de síndrome de Guillan Barre y dengue viral. Un diagnóstico que se alargó en el tiempo le llevó a verse postrada en su hogar.´Tuve una silla de ruedas que se rompió, adquirida con mis propios ahorros, figúrese solo recibo por Bienestar Social una pensión de 74 pesos cubanos,  unos tres dolares al cambio, la Asociación Cubana de Límitados Físicos Motores no me ayuda en nada, llamé al Comité Central a Jorge Risquet Valdéz, y tras  muchas tentativas me ´´prestaron una silla de ruedas por tiempo indefinido´´, pero esta silla de ruedas no la puedo mover con mis brazos porque está rota también´´, comenta la anciana. Su hija,  Irene Rodrígez, realizó varias gestiones para poder obtener una silla de ruedas, pero hasta ahora han sido infructuoso sus acciones ante el Departamento de Bienestar Social de la Seguridad Social del Municipio Plaza de la Revolución. La “petición” de Filloy salió en un reportaje periodístico y un familiar suyo lo vio en Miami, enviándole una silla de ruedas...



   Se le otorga a la Milagrosa poderes tales al punto de que muchos han pedido su canonización por parte de la Iglesia católica. la Milagrosa recibe más flores e invocaciones que las demás figuras sacras, mientras las autoridades de la iglesia cubana callan un tanto perplejas.

   A más de un siglo de la muerte de Amelia Goyri su fama de milagrosa no deja de crecer y su tumba sigue siendo la más visitada del Cementerio Cristóbal Colón de La Habana.

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