blogger counters

jueves, 2 de junio de 2011

Espejismos de lo imposible

Por: Marisol Roldán & José Antonio Roldán

"Por remotas que puedan ser las posibilidades de que algo pueda suceder,
nadie debería de sorprenderse de que esos algo sucedan"(W.Weawem,
matemático).




Espejismos de lo imposible



  No son meros espectros que aparecen o desaparecen en la nada delante de
cientos de estupefactos espectadores. En ocasiones pueden mostrarse colosales barcos inexistentes o hundidos cientos de años antes en el mar, ciudades con rascacielos dejarse ver en pleno campo ante horrorizados agricultores, pueblos del viejo oeste, trenes fantasmas en viejos raíles en desuso, islas que juegan al gato y al ratón con los marinos apareciendo o escondiéndose sin motivo aparente. Son fantasmas de lo grande y de lo inanimado. Pero no siempre, batallas campales en calles de aldeas francesas que no tendrían nada extraño, si no fuera por la desigualdad temporal de los atónitos observadores con los combatientes, entres los que median siglos de diferencia histórica. Son los espejismos de lo imposible o  tal vez materializaciones y desmaterializaciones de grandes objetos como creen muchos parapsicólogos, ya que encuentran mucha similitud entre los aportes proporcionados por los médium, donde los objetos pueden aparecer de la nada y volatilizarse con la misma fuerza desconocida. Algunos opinan que pueden ser pliegues temporales, grietas en el tiempo que superponen dos realidades: una que sucedió en el pasado o en el futuro y otra que sucede en ese momento, para lo que es preciso creer en un tiempo espiral y en nada lineal como es el que empleamos en nuestra lógica los hombres del planeta Tierra...
  Sea lo que sean esos espejismos o visiones colectivas lo único claro es
que se dan con más frecuencia de lo que se supone y que son unos sucesos
anómalos que nos acompañan desde el principio de los tiempos. Cada vez que un testigo de lo insólito se enfrenta al suceso de algo atípico tiene la duda de si lo que ocurre es real o un simple espejismo. Ambas cosas pueden ser ciertas, si entendemos como espejismo una realidad
que físicamente es improbable que esté en un lugar determinado y en un tiempo específico, aunque los espejismos no dejan de ser una cosa pretendida explicar con la lógica humana. Un intento de descifrar visiones o audiciones de hechos asombrosos que nuestro cerebro capta no estando este bajo influencia de ningún alterante o alucinógeno, es decir, cuando las plenas facultades del intelecto humano están presentes todo aquello que veamos debe ser real, si no físicamente en nuestro " ahora" si en algún lugar de nuestra mente, almacenado como recuerdo que aflora en determinado momento por algún inexplicable resorte. Pero, ¿y si los espejismos existen fuera de los hombres?, ¿y si son realidades que se crean en la realidad a modo de superposiciones de planos?. Desde luego nosotros no tenemos el poder de delimitar lo verdadero de lo imaginado, pero empezamos a dudar de los espejismos, cuando estos son vistos
de forma masiva o reiteradamente en un mismo lugar por diversos testigos sin nexos que los relacionen entre si. ¿Existen los espejismos colectivos?. Una pregunta difícil de responder, aunque no para los cientos de testimonios que afirman haber visto fantasmas mientras estaban sus amigos o familiares presentes. Tampoco dudan de ello aquellos que han visto esos "sucesos anómalos físicos" más o menos espectrales mientras iban en un vuelo, en una travesía oceánica o en pleno paseo a pie por la concurrida isla neoyorkina de
Manhathan
. Es más, para esa gente que atestigua haber vivido fenomenología de espejismos imposibles ni si quiera son esto, es decir, “espejismos”, si no algo real, inexplicable tal vez, pero no incierto.
  Como espejismos quiméricos podríamos tratar esas neblinas espectrales de seres humanos que entendemos por fantasmas y que han plagado las leyendas de nuestra historia.
Los fotometeoros son fenómenos luminosos que se producen en la atmósfera terrestre producidos por diversas propiedades de la radiación luminosa, entre los más importantes podemos encontrar los arcos iris, los fenómenos de halo luminoso, la coloración de cielo o los espejismos, los cuales son  eran tomados como
cada uno de los sortilegios mágicos que las antiguas brujas del medievo provocaban ante los estupefactos aldeanos, entre ellos la provocación del fuego o lucecitas de colores que emanaban sus cuerpos. Fotometeoros pudieron ser también los milagros de la multiplicación de los peces que llevó a cabo Jesucristo y que terminó relatado en el Nuevo Testamento, ese y otros milagros de él y de otros humanos prodigiosos, ya que lo vieron centenares de personas y así lo atestiguan en los textos bíblicos. Espejismos de lo indefinible pudieron ser también cada una de las veces que han sido vistos en nuestros cielos esos objetos voladores, de los que a veces, hombres o humanoides terminan bajando para miedo o deleite de los observadores del suceso.
Pero no trataremos de estos pequeños espejismos individuales que de por si
ya han encontrado un lugar entre los misterios para ser estudiados con
nombre propio: paraciencia, ufología, prodigios, etc. Los misterios colectivos, los grandes olvidados hoy, esos son los que nos
llaman en esta ocasión la atención, como debieron sin duda llamársela a aquellos 20.000 romanos convertidos al catolicismo que expiaban sus pecados anteriores en el monte Ararat y que un buen día hace unos mil ochocientos años creyeron ver la silueta del Arca de Noé en la cima de la sagrada montaña. Un relato que corrió como la pólvora, llegando incluso a los senadores del Imperio Romano, que lo tuvieron como centro de sus conversaciones durante mucho tiempo. Hecho al que se le terminó por llamar "Espejismo de Ararat".





Islas que aparecen y desaparecen



  Entre los espejismos más colosales porque lo que muestran a los
observadores son de dimensiones enormes encontramos las Historias de las
Islas Fantasmas. La Isla Bouvet fue un espejismo hasta que por fin...se demostró su existencia y hoy en día ha terminado estando ubicada en los mapas y cartas de navegación, aunque de vez en cuando los ojos de los observadores dejen de verla en el horizonte marino, no por que desaparezca, sino por unos curiosos efectos ópticos que producen las brumas del lugar. La descubrió en 1739 el aventurero y explorador francés Pierre des Loziers Bouvet. La isla está a 1.500 millas del Cabo de Buena Esperanza y su tamaño ronda los 8 kilómetros de diámetro, terminando en una cúspide helada. La ínsula acabó siendo descrita en el diario de navegación de su descubridor Bouvet. Así que otro aventurero el famoso capitán James Cook la intentó encontrar entre los años 1772 al 1775. No tuvo éxito, ya que pasaba por las coordenadas dadas por el marinero francés pero la isla no aparecía por ningún lado. La duda de que la isla existiera realmente llegó cuando otro marino, el Capitán Furneaux coincidió en 1774 buscándola con Cook y obteniendo los mismos nulos
resultados. Hasta los albores del siglo XIX la isla fue estimada como una porción fantasma, pero corriendo el año 1808  El Cisne Nevado y El Nutria, dos buques afirmaron haberla hallado en su ruta de navegación.
Decidido a aclarar la existencia de este espejismo marino partió el Capitán
Benjamín Moreel en 1822, según afirmó había no sólo encontrado el espejismo, sino comprobado que era real para lo cual había debido tomar pie sobre la tierra del islote, donde además cuenta estuvo abatiendo focas.
En 1825 dos barcos balleneros, Sprightly y Nasio lograron dar con ella. El
Capitán Norris, del primer bajel, circunvaló el islote y la bautizó como Thompson, pero la isla que fue inscrita en los mapas de nuevo, volvió a desaparecer durante casi una veintena de años siendo imposible de localizar para dos expediciones 1843-1844. De nuevo, Thompson-Bouvet desapareció de los mapas y se inscribió como leyenda en las islas fantasmas. A punto de cumplirse los treinta años de su desaparición, tres barcos lograron de nuevo avistarla. Uno de los capitanes dibujó bocetos de la isla fantasma. La isla estaba jugando con el buen juicio de los exploradores del Antártico. 1898 supuso el fin de la leyenda, cuando una embarcación alemana llamada El Valdivia encontró que siempre había estado localizada en el mismo lugar que afirmara Pierre Bouvet siglo y medio antes, pero al aparecer la Bouvet desaparecieron los islotes adyacentes a los que Norris había bautizado como Thompson.
Desde luego un hecho curioso, pero no un espejismo aunque fue tomado como tal durante muchos lustros.
  Más cercano en el mapa nos queda otra isla espectral, la de San Borondon.
Una isla que sigue desaparecida y apareciendo incluso en nuestros días.  Sólo ha sido vista en contadas ocasiones. Una porción rodeada de agua frente a las costas canarias, que en cierta manera se parece mucho a otra leyenda de isla fantasma, la de San Juan situada presuntamente en el Océano Índico en la zona general del Este de Madagascar, cercana al sureste de las islas Mascarenhas. Fue buscada y rebuscada por marinos portugueses que pretendían que sus cartógrafos la incluyeran como posesión territorial portuguesa, pero no hubo suerte. La primera vez que alguien habló de ella fue en 1655 y fue Monsieur de la Roche de D’Saint-André quien se topó con la isla en Lisboa, en un viejo mapa luso, pero no logró localizarla. Nadie se preocupó después en buscarla, así que San Juan fue una isla inexistente. En 1721 a Nyron, caballero de Luis XV de Francia, le fue encomendado por éste partir hacia Lisboa con la misión de adquirir la posesión de San Juan para su trono. Buscó varios años pero no pudo encontrarla. Y fue buscada por otros marinos de renombre, uno de ellos tuvo suerte según contó en 1722 Donjon el segundo de abordo de la goleta Bougainville, que fijo su ubicación exacta, lográndolo en plena tormenta de un 27 de Abril. Trazó un bosquejo y las coordenadas marítimas. Otro galo de nuevo fue ordenado a su conquista, Saint-Felix, del barco Heure du Berger acompañado por la goleta Curieuse, siguió las coordenadas de Donjon. No hubo suerte. La posesión de la isla se la rifaban y concedían los portugueses como moneda de cambio continua. Sin embargo, no fue vista salvo en momentos excepcionales como un espejismo flotando sobre las impetuosas aguas de un mar atormentado.
  A este punto debemos ser racionales y formularnos una cuestión, ¿existen
las islas fluctuantes entre la existencia o no?. La ciencia y la historia tienen respuesta...sí, existen. Pero, únicamente asociadas a lagos y son porciones métricas de tierra nunca kilométricas, salvo si entendemos como islas flotantes esos glaciares desgajados de los hielos polares, que pueden llevar al error inicial, aunque difícilmente explicable en marineros expertos, que en ocasiones pudieron pisar su terreno, constatándolas como verdad tangible. Muchos casos de islas fraude-fantasmas fueron culpa de los cartógrafos y navegantes que se inventaban de buena fe pequeñas islas a las que ponían nombre de conocidos, amigos e incluso amores. Islotes que si no estaban en rutas marítimas transitadas resultaba prácticamente inalcanzable averiguar su realidad física. Algunos historiadores e investigadores de lo insólito se dedicaron en los dos siglos anteriores al actual a recoger toda suerte de casos y leyendas que hicieran referencia a este fenómeno óptico o dimensional. Uno de ellos fue el ruso Nikolái Bernstein : “No siempre tienen una explicación racional...ni por asomo una razón de la óptica”. El psicofisiólogo que paso años recopilando casos encontró que algo dimensional se escondía en muchos de los casos más asombrosos. Algo que distorsionaba el tiempo y permitía a observadores azarosos ser testigos visuales de hechos que fueron reales pero no en su momento e incluso a veces, no en su lugar.

  Según Zoroastro las cosas de la realidad estaban antes y después de su creación dispuestas en el mundo del éter, pues allí se registra el pasado de las cosas que fueron y el futuro de lo que será. El arqueólogo Albert Cory afirmó en su libro Oráculos Caldeos que el propio Zoroastro creía que en el éter tomaban forma las emociones y los pensamientos, además de las visiones divinas, ¿son eso los fotometeoros de lo anómalo?. San Juan dicen que es de estas últimas, una isla imaginaria inventada por marinos musulmanes, piratas de ultramar, los que les facilitó confundir a
los portugueses, que en aquellos días contaban con excelentes capitanes y
ansias de conquistar mundo nuevo. Y cuando las islas dejan de ser espejismos comienza a aparecerse los fantasmas de quienes las buscaban en el ancho mar.

  Vanderdecken y su barco fantasma que incluía tripulación se perdió en el
Cabo de las Tormentas, el Holandés Errante, el pirata Barbarroja y sus
corsarios que siguen cometiendo sus fechorías y abordaje a turistas
del Pacífico y Atlántico...sólo que en forma espectral. Un día de 1850, un barco se dirigía a toda potencia hacia la costa, decenas de agricultores costeros pararon sus arados mientras miraban el mar, en la playa los pescadores dejaron caer sus redes a la arena, la isla de Easton
comenzó a tener miedo. En menos de media hora todos los aldeanos se habían concentrado en la playa y no dejaban de observar el barco que se acercaba a las rocas. Temían por su más que probable encalladura.
Pero no hubo impacto, dulcemente el barco llegó a la costa.
Algunos lugareños habían vivido diez años antes la experiencia de un
espejismo colectivo, un barco procedente de la misma orientación que éste
había hecho ademán de colisionar con las rocas, lo hizo. Quienes acudieron al rescata de las posibles víctimas no dieron con los restos de la nave. Nada. ¿Había sido una fantasía vivida por todo el pueblo?. Ahora estaba sucediendo lo mismo, pero este barco parecía real. Se acercaron. Era físico. Estaba perfectamente, todo en su sitio. Una cafetera se balanceaba sobre el fogón. Todo estaba en orden aparente, todo menos la tripulación que había desaparecido totalmente. Era el SeaBird que había partido al mar de manos del capitán británico John Huxham, venía de Honduras y debía haber llegado ese mismo día a Newport, pero no lo hizo. Por un lado estaba la extraña desaparición de los marineros, pero por otro se encontraba la precognición colectiva que habían tenido los sorprendidos testigos....¡diez años antes!.

  Los barcos fantasmas están en todas las buenas leyendas de aventuras
marineras. Unos de los más sorprendentes relatos es el que habla de los
barcos en llamas. Los moradores de la costa de Bay Charleur en Nueva Brunswick (Canadá) siguen viendo desde hace generaciones un curioso espejismo: un barco envuelto en llamas. Un articulo de la publicación de Hamilton en Ontario fechado en 1968 afirmaban que los testimonios debían ser dados por verídicos a pesar de que parezcan cosas de fantasmas, ya que había demasiados testigos para tratarse de una mentira. Hace más de un siglo los habitantes de ese pueblo de pescadores optaba por echarse a la mar en pos de salvar a los supervivientes del aparente naufragio. Nunca encontraban el barco ni los posibles heridos. Hoy miran quietos e indolentes como algo que pertenece a su vida cotidiana y han aceptado como común, igual que no les es ajeno las formas de sus costas o el color azul del mar.

  Los barcos fantasmas o sus espejismos no se limitan a dejarse ver desde la costa, siguen rutas de otros barcos y a ellos también se muestran en
ocasiones. En 1752 cerca de la Isla Block en Nueva Inglaterra, el velero
Palatine naufragó en el día de navidad muriendo todos sus ocupantes. El
relato de su espejismo se convirtió incluso en literatura de la mano de John
Greenleaf Whittier que le dedicó un trágico poema, "El Palatine". La tripulación del Khourou, un barco comercial angloindio zarpó de Calcuta
hacia Bombay. Una tormenta les pilló en alta mar, el piélago se embravó lo
suficiente para hacer que los marinos pensaran en nefasto fin. La falta de visibilidad les llevó a la deriva hasta que de repente entre la bruma las sirenas de otro barco les anduvo guiando. La otra embarcación se llamaba Tricoleur, lo vieron a lo lejos pero no divisaron tripulantes a bordo, parecía abandonado. Al rato desapareció de manera impensable, ¿dónde estaba el que les había salvado la vida, el Tricoleur?. El contramaestre llevó al Capitán a cubierta y le dijo que a dos millas estaba la señal de un naufragio. Eran las cinco y cuarto de la tarde, de 1937, el Tricoleur se había hundido exactamente en aquel lugar cinco años antes a las cinco de la tarde, ¿espejismo casual?.
  La villa pesquera de Meriggomish también sabe lo que son espejismos
colectivos pues lo viven recurrentemente. Su pueblo, que pertenece a Nueva Escocia, se sitúa a limite de costa y cada año ven pasar una carabela (barco) el mismo mes, el mismo día, la misma hora. En día sin niebla se
distinguen los objetos de cobre de cubierta, la quilla, las velas, los mástiles. Entre las brumas, la nave despide un halo verde-azulado sutil de toda su forma. Los pueblerinos cada año se reúnen a ver el evento fantasma. El buque escolla con algo invisible, figuras humanoides oscuras saltan al mar desde la borda. Se sucede una explosión ensordecedora y empiezan a verse llamas consumiendo la carabela. Termina todo devorado por el fuego, se produce el hundimiento y se finaliza el espejismo. Aunque volverá a dejarse ver el año siguiente, eso al menos es lo que creen los aldeanos.

  Era el año de 1822, el capitán del ballenero Benfis estaba en plena faena tras las ballenas de las aguas groelandesas. Era un verano luminoso. Habían navegado hacia el Este. Repentinamente pararon los arpones, el capitán silenció a los trabajadores y los hizo mirar al cielo: vieron vuelto de quilla hacía arriba un velero. Al rato de la observación William Scorseby entendió que era el velero de su padre el que se dibujaba entre las nubes sobre sus cabezas. Una tormenta los había separado miles de millas. Volvieron hacía detrás y efectivamente pudieron rescatar a los tripulantes, el velero estaba vuelto y al borde del hundimiento.

  Qué se vea Leningrado desde el mar no sería sorprendente si los habitantes no estuvieran a cuarenta kilómetros y no les separaran montañas en el horizonte. Este fenómeno óptico solo ocurre en determinadas ocasiones y lo viven en la ciudad de Lomonósov, situada en un golfo filandés. Y el espejismo no aparece en el horizonte propiamente dicho sino en las nubes como un reflejo, distinguiéndose las orillas del Nevá, los puentes, los altos edificios y casas de gran construcción. Por supuesto este reflejo es simétrico a la realidad, por lo que todos los objetos están situados como lo estarían frente a un espejo, ¿sería este el fenómeno que pretendían conseguir los antiguos constructores de las grandes pirámides?. En tiempos antiguos, los monumentos del valle de Giza estaban pulidos y recubiertos por unas losas relucientes que reflejaban, a modo de faro, las luces solares, es más, muchos son los que hipotetizaban con que almacenaban sus reflejos para iluminar el lugar en las frías noches del desierto, reproduciendo el efecto de los focos eléctricos actuales, que en las ciudades hacen resplandecer ante los turistas sus obras arquitectónicas más relevantes.

  Pero no solo los pescadores pueden tener espejismos masivos de objetos
enormes, los ciudadanos del mundo interior en ocasiones corren la misma
suerte.



Tierra adentro, los espejismos continúan




  Belga de Viervers vivió un 18 de junio de 1815 muy especial. Los vecinos tuvieron sobre sus cuerpos, en el aire, por horas, una cruenta batalla, que no era real. Un holograma misterioso por donde se veían correr caballos, se disparaban cañones, los soldados andaban en fila, la infantería atacaba implacable. Rostros detalles, aquella escena no parecía irreal. Uno de los cañones mostraba incluso uno de sus ruedas rotas a los observadores.  Estaban viendo algo que sucedía a 150 kilómetros en línea recta, donde se producía la batalla de Waterloo, donde Napoleón fue derrotado haciéndole caer bajo el poder del ejército británico.

  En el caso de los espejismo, parece que nos enfrentamos a un fenómeno no selectivo, en cuanto a los testimonios presenciales se refiere. No son gente especialmente dotada y en muchas ocasiones se trata de personas eruditas y escépticas. No hace atención a edades, ni sexos, ni discrimina razas o credos y suele tratarse de experiencias colectivas. Esto último hace que sea difícil que se trate de un recuerdo almacenado por el observador, puesto que hablaríamos de una actividad visual simultanea en grupos de personas de experiencias sociales distintas, así como niveles culturales, que difícilmente activarían a la vez ese recuerdo fotográfico común. De no ser que algo exterior lo activase, ¿una orden hipnótica masiva?, ¿una alucinación en grupo?...

  Edith Olivier era una mujer a la que le solían gustar los paseos relajantes. En Octubre de 1916 salió como de costumbre a caminar. Era noche cerrada, había llovido. Vivía en Wiltshire, Inglaterra, tierra de pasado histórico antropológico como en antaño lo habían demostrado los megalitos en la zona. Al avanzar sobre Avebury vio asombrada una feria-mercado situada entre dos hileras de megalitos. Hacía años que los megalitos habían desaparecido del lugar y la última feria llevada acabo allí se produjo 63 años atrás en el tiempo, es decir en 1853. ¿Qué había pasado para que la señora Olivier pudiera haber visto aquello?. Un recuerdo olvidado de algo que ella jamás había visto (podía haberlo escuchado). ¿Fue una impregnación espectral, porque fuera sin saberlo una dotada psíquica?, ¿un pliegue espacio-temporal que le permitió en el presente acceder a ese sitio en un momento anterior? o simplemente estamos ante un espejismo imposible. Seguro que alguna razón científica habrá para que el suceso se produjera, pero mientras la encontramos deberíamos simplemente catalogarlo como un suceso anecdótico y extraordinario. Debemos de tener en cuenta que los espejismos se producen por refracción de la luz y lo hacen de día. Pero este no era el caso. Ni tampoco la mujer experimentó ningún estado alterado de conciencia o deficiencia física (falta de oxígeno en el cerebro, o deshidratación ) con el que pudiéramos explicar la circunstancia anómala.

  En 1916, ¿alguien pudo haber proyectado una luz o un holograma sobre el lugar tan real y nítido y elegiendo , curiosamente, los megalitos y el mercado que había allí en el pasado?. Ahora bien, podría ser un espejismo emocional, ¿vio Edith algo que le daba pena que no existiera ya por vandalismo de sus vecinos?, porque eso sería más racional que no que los megalitos pidieran justicia desde un pasado lejano. En este caso fue una mujer, pero en los alrededores de Rabat (Marruecos), el 14 de mayo de 1928, fue todo un equipo de rodaje cinematográfico francés el testigo de un espejismo de lo increíble: los directores François Berdié y Jacques Bouvoir estaban entre los observadores del anacronismo visual que se basó en la observación sobre sus cabezas procedente del Atlántico y dirigiéndose hacia el Sahara una escuadra de 30 barcos de vela ondeando al viento. Tanto distinguieron en ellas, pese a ser semi-etéricas, que pudieron describir claramente los colores de las insignias, pudiendo concluir poco después que habían visto divisas de castilla y gallardetes portugueses, además de uno turco.



Objetos en los espejismos




  Ciudades, barcos, batallas, edificios, pero también algunos objetos con tiro animal. Carros eran los espejismos de lo imposible más usuales vistos en las tierras londinenses, en las parisinas y en las italianas, por no olvidarnos de las norteamericanas. Y decimos espejismos, porque los casos en su mayoría eran de la década de los setenta y están visualizados en zonas de tránsito urbano de vehículos, donde la presencia de tiros de caballos reales hubieran provocado no sólo atascos, sino desgraciados accidentes, sino hubieran sido espectrales, meras formas en la luz o en el aire.

  En un número de la revista Fate de 1924, Inés M. del  Ely habitante de Minnesota contó una experiencia vivida por ella misma ese invierno, junto a cuatro personas más. El grupo estaba incomunicada en un camino por la nieve cuando comenzaron a abrir paso con palas vieron pasar un carro de heno arrastrado por dos caballos pachones que galopaban a ritmo veloz en dirección hacia ellos. Dos conductores iban charlando distraídos y sin mirar a los cinco del camino. El miedo hizo mella en Inés y sus amigos que vieron como el carro se venía hacia ellos y aunque dos mujeres pudieron apartarse las otras quedaron debajo del carro, que no solo no les provocó daños físicos, sino que desapareció tras pasarles. Buscaron pero no encontraron nada, ni siquiera las huellas del vehículo sobre la nieve, ¿qué habían visto los cinco testigos?.

  Tranquilamente Thomas Philips paró su auto en 1960 entre las poblaciones de Belleville y Sealy (Texas). Se extrañó de que se usaran locomotoras de vapor aún por aquella zona, pero se desconcertó más cuando vio que no había ni señales de cruce ni paso a niveles ni ninguna otra advertencia de aquella vía. Cuando la locomotora pasó y él quiso cruzar con el coche descubrió que no había señales, simplemente porque no había pista alguna de raíles de tren. Había visto un hecho irreal, un espejismo. ¿o no?. Para responder a esa y otras cuestiones en 1957 Robert D. Tschirgi y su equipo de físicos de la californiana universidad de UCLA hicieron un intento de crear, por vez primera, un ordenador capaz de descubrir la verdadera cuarta dimensión. Era una rudimentaria máquina computadora. No sabemos si lo consiguieron o no, pero si que de allí nacieron nuestros actuales ordenadores que no son otra cosa que un acceso a otra cuarta dimensión: la virtual.

  Aún sin saber manejar ordenadores en 1920, los habitantes de Bagdad (EEUU, Nuevo México) tenían la oportunidad de divisar un seco lago junto al que se podía apreciar una población. Un paisaje sólido pero suspendido en el aire. Las leyendas locales llevaban años diciendo que aquello era el más allá, otros más tétricos hablaban de puertas al infierno. Un báratro de espejismo donde se podían apreciar claramente tiendas y letreros en sus puertas, que fueron lo que permitieron a José Cuelles, un vecino del pueblo, descubrir que lo que veían era la ciudad de San José situada a 800 kilómetros de distancia en. Así que era un pueblo fantasma con un origen real, eso si arduo sería explicar porqué leyes ópticas se dejaba ver desde tan lejos.

  Las primeras observaciones en la historia a través de telescopio de la superficie lunar dieron como resultado que hubo personas (posiblemente una de ellas fue el holandés Hans Lippershey, fabricante de anteojos en Middlesburgh, Zelandia, posible constructor del telescopio en 1608) vio en su primera observación lunar sombras que le parecieron lagos y vegetación, un espejismo que los años y la ciencia demostró imposible. Las caras captadas en la región marciana de Cydonia luchan hoy entre la ciencia terrestre por ser reales o un simple espejismo, eso sí de dimensiones colosales sobre la superficie del Planeta Rojo. Algunos casos de avistamiento ovni han querido ser explicados por este fenómeno al que llamamos fotometeoro, espejismos o distorsión de la realidad lumínica.

En realidad los hombres que poseemos una visión atrofiada si la comparamos con otras especies animales no somos los únicos en verlas. Gatos, perros y algunos caballos se han refrenado, apartado o parado mientras sus dueños estaban frente a estos objetos irreales. Lo que indica que no solo lo estaban viendo, sino que lo intuían como algo consistente.

Unos pocos humanos podemos tener defectos oftalmológicos, otros traumas psíquicos, otros trastornos metabólicos, etc factores que pudieran llevar a que fuéramos participes de estas visiones de lo enigmático, pero que sean tantos los testigos y tan monumentales, en ocasiones, lo visionado, implica que hay piezas del puzzle que no encajan todavía para que podamos dar por cerrado este misterio visual frente a pobres hipótesis científicas o de fe. Tal vez simplemente, debamos seguir buscando su respuesta en el tiempo y en el espacio que conocemos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario