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jueves, 30 de junio de 2011

Snuff-Movies, el placer de grabar la muerte

Por: José Antonio Roldán & Marisol Roldán




Las snuff-movies son la leyenda más estudiada por el FBI. Treinta años de misterio sobre estas filmaciones pusieron a trabajar a fondo a un departamento de la Federal Bureau of Investigacion. Largos años de búsqueda con el único fin de encontrar una sola cinta donde se viera claramente un intento de comercio de un asesinato grabado y distribuido con ese único fin. Pero tras las últimas páginas oficiales de la FOIA (Acta de Libertad de Información estadounidense ) se relata que nunca dieron con prueba alguna de su existencia real. A pesar de que agentes infiltrados en sectas satánicas, en grupos de ideología paramilitar y otros grupúsculos violentos generan la idea al vulgo de que algo se iba a encontrar. Ni siquiera les llegó una copia de una snuff real el día en que se decidieron a poner anuncios insertados entre la prensa erótica donde ofrecían por su compra la cifra de 25.000 dólares en 1969.
Sin pruebas hasta la fecha, las snuff-movies son parte de una crónica negra de nuestro actual estatus de sociedad tecnológica y cibernética. Pero, ¿qué es exactamente una snuff-movie?.
Según el agente especial del FBI, Ken Lannig :"A veces me refiero a las snuff-movies como el santo grial de la pornografía". Haciendo así referencia a ese algo que todos persiguen encontrar y que ninguno ha podido ver jamás. O tal vez sí, pero sólo unos pocos privilegiados que a cambio de cuantiosas cifras monetarias logran hacerse con un rodaje donde se ven escenas de rapto, violencia, tortura, sadismo extremo y posterior crimen. Un disfrute para esos pocos que tuvieran la atroz necesidad enfermiza de retener la muerte en una imagen, a sabiendas de que la única causa que provocó esa perdida humana fue su dinero. Y un insulto a los derechos humanos conseguidos con tantos sacrificios a lo largo de los milenios entre la raza humana.
Snuff en el antiguo inglés significaba inhalar o esnifar tabaco por morbo de producir sensación de picor, que llevaba a la reacción placentera de un estornudo. Ahora la palabra snuff se ha convertido en una metáfora de aquel vicio y el morbo de lo inhalado a crecido para pasar de ser tabaco picado en polvo a ser sangre. Cortar, descuartizar, clavar, sodomizar, empalar y matar es en si la escena que penetra por nuestros sentidos visuales. La violencia se ha convertido en un opio de sadismo realista. Lo pornográfico, lo sádico y lo violento se aunarían en las snuff para que los nuevos perturbados de nuestro tiempo buscaran aquello que Sigmund Freud ya mencionó como “Más allá del principio del placer” (1920), haciendo referencia al sadismo más abrupto. Y cuyo concepto habría sido acuñado a principios del XIX por Krafft-Ebing para describir esa violencia innata en ciertos seres, que como su modelo, el Marqués de Sade, necesitaban extraer su propio goce del sufrimiento ajeno.

Con estos conceptos claros y una insistente alarma social por la leyenda negra de las snuff-movies los del FBI completaron un archivo de 103 páginas (por lo menos las páginas hechas públicas). Historias de jóvenes violadas o sacrificadas que se narraban en un número corto de fotogramas de baja calidad para que el observador de las imágenes fuera un vouyer ocasional.
En 1975 un grupo de ciudadanos “La Decencia por el Derecho” pusieron en aviso a los oficiales norteamericanos. La unidad de crímenes especiales de la oficina federal ITOM -gente muy cualificada- no encontró muestras de que las imágenes aportadas fueran reales. Se trataba de una cinta de 8 milímetros difundida por el productor de films sado-pornos Alan Shaklenton de Monarca a Cuadros en 1970. Al parecer ese era el año de la filmación de las imágenes reales de una matanza que sucedió en Sudamérica y este original empresario las compró, añadiendo luego las imágenes ficticias de la muerte de una mujer. La publicidad que le hicieron a las imágenes decía que era real y había sido grabado en Sudamérica, donde en algunas zonas la vida simplemente no tiene valor alguno.
Los cuerpos oficiales de policía seguían tras la pista de cualquier anuncio o escrito sobre el tema. Pero todo lo que encontraron fueron meras especulaciones. Como el caso del rumor de que estrellas importantes de cine como el caso de Dennis Hopper y Sammy Davis jr estaban vinculados a estas cintas o tenían alguna en su poder. Pero nunca se pudo demostrar nada.
Si bien es cierto es que en aquellos mismos años la gente se volvió adicta a la información visual. La prensa se relegó a un segundo plano. Las impactantes imágenes de los noticiarios valían más que mil palabras. Un mercado blanco de imágenes truculentas se abrió a nivel informativo y pseudocumental. Es el caso del corto “Las caras de la muerte”, donde se muestran las víctimas de accidentes mortales. Son escenas que muestran la crueldad de nuestra realidad. La información tal y como acontece en el mundo. Zapruder se hizo famoso por mostrar al mundo su grabación de un asesinato, el de Kennedy. Las copias en los mercados periodísticos se reproducían de forma relentizada para que los videntes pudieran apreciar el impacto de las balas y sus orificios mortales. ¿No es eso una snuff?, al parecer no. Al menos no para la policía. Pues la grabación anecdótica de hechos de este cariz y su posterior difusión no implican delito alguno. Quedan registrados y protegidos por la ley de libertad de prensa.
Además la verdadera diferencia estribaría en que no hubo premeditación en la grabación ni asesinato. Ambas cosas necesarias para ser una "apaga películas".
Uno de los mayores coleccionistas del mundo de cintas pornográficas es Eduardo McIlvenny, director del Instituto para el Estudio Avanzado de la Sexualidad Humana. En treinta años de búsqueda personal nunca ha encontrado ninguna auténtica snuff. Aunque afirma tener tres en su poder que tienen ese patrón. Pero en la tríada, el azar fue el que desencadeno los hechos y en ningún momento la pretensión de las cintas eran las de contener asesinatos, sino simples muestras de sadismo.
En la primera cinta un hombre muere de un infarto sin ser socorrido mientras recibe una paliza de golpes y palos. En la segunda, otro hombre se asfixia durante una escena de estimulación autoerótica por estrangulamiento (En estos días se juzga un caso similar de estrangulamiento, el de Lola Ferrari. La mujer de los pechos más grandes. Record Guinness y una diva de las películas pornos. El acusado es su esposo, que al parecer podrían haber practicado esa técnica de estimulación extrema). La tercera cinta en posesión de este coleccionista atípico es la más cruenta. En ella se muestra un niño deforme atado a caballos desgarrado por estos mientras a su alrededor hombres árabes se masturbaban. Y si esto sucede en el mercado blanco, ¿qué no puede suceder cuando la justicia no existe con sus ojos implacables y donde la ley no llega?.
Mientras un polémico director y productor de cine, Frank Henenlauter, ofrecía un millón de recompensa a quién le mostrase una snuff verdadera (que nunca le llegó). En los periódicos metropolitanos y nacionales, en paginas interiores se hablaba de dos psicópatas, Leonardo Lake y Carlos Mg que durante los años ochenta habrían matado al menos a once mujeres después de raptarlas y violarlas. Y a otros tantos mendigos en la zona de California, al parecer ellos podrían haber grabado en vídeo sus actos como si de heroicidades se tratasen esos crímenes. Por esa década otras noticias se leían en la prensa más atrevida: se decía que en 1989 se encontraron snuff entre las cintas pornos requisadas al representante republicano Laurence King. Al parecer otros políticos de Nebraska pertenecían a grupos masónicos o satánicos. Una arriesgada hipótesis que llegó a salpicar incluso al padre del actual presidente norteamericano, George Bush.
Las ideas sobre la leyenda de las snuff cada día tomaban más posibilidad de realidad y cuerpo sobre todo cuando personajes tan conocidos como la feminista Catalina MacKinnon afirmaba contundentemente en su libro INMODIFICADO que ella misma los había visto. Eso sí, nunca aportó una sola prueba de lo que decía. Los estadounidenses cada vez más preocupados por esta posibilidad pronto terminaron relacionando las snuff con grandes criminales o con sectas de cariz satánico. Se dice que en 1996 un agente federal infiltrado en el satánico grupo Templo de Seth, de sede en San Francisco (separados de la Iglesia de Satán fundada por el “Papa negro”, Anton Szandor Lavey) había conseguido sacar una cinta del lugar de reunión y que ésta había resultado ser una snuff-movie, donde se veía un ritual de sacrificio de una mujer. La secta estaba liderada por Michael Aquino.
En América, sobre todo en la zona norte, se vivía una auténtica fobia a las snuff. El asesino en serie David Berkowitz (conocido como “hijo de Sam”) confesó haber filmado sus crímenes para que fueran visionados por las sectas satánicas a las que pertenecía. Otro grupo satánico, "La Familia" fue la que produjo otro psicópata real llamado Charles Mason. Un periodista llamado ED Sanders escribió su biografía y en ella afirmaba que Mason filmaba sus crímenes. Mason es el personaje en el que se basa la archiconocida Matanza en Texas.
La leyenda de las snuff atravesó fronteras e impactó de lleno en el espíritu europeo. Y si se comprendía que podían existir rituales caníbales en zonas de Polonia, donde también se hacían sacrificios satánicos de niños y vírgenes, no fue muy difícil pensar que ese era un buen país para el germen de las snuff.
Las hipotéticas cacerías humanas que se practicaban en Yugoslavia y sus posteriores limpiezas étnicas hicieron pensar que también ese podría ser un punto de producción de snuff. Pero, ¿qué países las distribuían y comprobaban?.
Scotland Yard, el FBI y la Policía española entre otras se aunaron para intentar descubrir redes de distribución de cintas snuff a las que se creía muy relacionadas con el mercado de prostitución y pornografía. Así como al de estupefacientes y en el peor de los casos a el tráfico de niños y pornografía infantil. La Asociación contra la Pornografía Infantil de Madrid denunciaba la presencia de snuff en internet en el año 2000. Guillermo Canovas presidente de esta asociación viene colaborando con los organismos oficiales de la policía internacional, aunque ellos lo enlazan con la práctica de ritos satánicos. Londres, Amsterdam y Bankog se supone podrían ser los ejes de ese mercado negro, que vendería imágenes grabadas en países del este, China y sus ajusticiamientos, Nigeria y sus asesinatos de mujeres, incluso cintas viejas de Auswitch, uno de los campos de concentración nazi.
Hoy por hoy se sigue investigando sin mucho éxito. El portavoz de la policía española José María Seara Ruiz se expresó a los medios de comunicación en referencia al tema en los siguientes términos: “en la Comisaría General de la Policía Judicial no constan hechos de esta gravedad, denuncias o investigaciones en España". Sin embargo se sabe de esa unión internacional para dar con delitos similares, incluyendo el nuevo medio distribuidor que podría ser internet.
El uno de octubre del 2000 se da la noticia de que ha sido desmantelada una red mundial de snuff-movies. Las imágenes contenían asesinatos de niños y ancianos rusos y se vendían principalmente a clientes británicos e italianos. El mecánico de 33 años Dimitri Vladimirovich Kuznetsov, ciudadano moscovita es detenido en las aduanas británicas con un cargamento de tres mil de estas cintas. La mayoría eran porno y por cada una se cobraba unas 50 a 100 libras. Pero dos títulos, dos cintas tituladas “Disparar” o “Necro-pedos” mostraban abusos, violaciones, tortura y muerte a niños. Le condenaron a once años, pero es un caso reabierto en estos días, pues nuevas pistan hacen pensar que no actuaba solo. Años antes otra noticia llegada desde Chile había conmocionado al mundo, cuando un 17 de octubre del año 1995 en la calle Comodoro Guesalaga número 463, comuna del Prado, la policía encontró muerta a una pareja conocida como los psicópatas de Maipú. José Calisto Nuñes, de 34 años había matado a su mujer, Julia Alicia Quijada, de 34 años, para luego quitarse la vida. Esta pareja había filmado cerca de once violaciones a adolescentes drogadas por ellos, desde 1994 a 1995. Vídeos pornos que luego vendían en Italia a clientes prepactados y así lo declaró el periodista Gónzalo Núñez en las informaciones que dio de la pareja para prensa. En 1986 un joven llamado John Zinn fue acusado de rapto y asesinato a la estudiante Linda Daniels de 20 años. Uno de sus cómplices declaró que había sido un intento frustrado de grabar una snuff.
Pese a todo sólo existen presunciones, no hay pruebas absolutas de que tales cintas existan. Y si las hay ni siquiera expertos en el cine se podrían permitir indicarlas a primera vista o podrían confundirlas con cine verité o realista (underground). Esto fue lo que en su día le sucedió al conocido actor Charlie Sheen que dio al FBI lo que el supuso era una cinta de vídeo snuff para que la investigasen. La grabación era uno de una serie producida en Japón. Ese en concreto se titulaba “Guinea”. Mostraba el asesinato y tortura de una mujer. Pero tras revisar los fotogramas y descubrir un vídeo donde se explicaban las técnicas de efectos especiales empleados en el rodaje se desestimó en caso. Era natural pues la propia presunta víctima salía viva practicando la escena con el látex de sus heridas. Efectos sublimes e impactantes y unos secretos de última generación de maquillaje eran los causantes.
No era nuevo que el cine abierto al público buscara encontrar el impacto realista de un derroche de violencia. El surrealismo ya lo buscaron artistas de la talla de Luis Buñuel y Salvador Dalí, en “El perro andaluz”, donde una cuchilla cortaba un globo ocular. Antes los hermanos Lumiere nos impactaron con el primer tren que parecía querer salir de aquel invento que estrenaba, el cine. Pero las manos a la cabeza y al estomago nos las llevemos en los setenta con Holocausto Caníbal, hoy retocada y reestrenada en vídeo. Relata orgías de sexo y sangre en una selva africana donde su director el italiano Ruggero Deodato no duda en empalar a los nativos y si bien esto era ficción se confirmó que los animales del rodaje fueron sacrificados realmente.
El guionista de Taxi Driver y La Última Tentación, Paul Schrader nos asombró con su Vida de Perros o Hardcore en 1979. En ella por primera vez se muestra el propio mundo del snuff. Un padre desesperado se mete en un submundo pornográfico y criminal en busca de su desaparecida hija adolescente. Un guión similar nos trae otra cinta titulada Videodrome (1983), dirigida por David Cronenberg (La Mosca). Nos habla del presidente de una cadena privada de televisión que recibe de forma anónima una snuff pirata y la emite con pleno éxito. Pero quien lo pasa mal ante el descubrimiento de un posible comercio negro de snuff es la actriz rusa Marina Sudina que a las órdenes del director Anthony Walley, en su opera prima Testigo Mudo hace de una maquilladora de televisión muda que descubre que en la productora y estudios de televisión donde ha sido contratada hay muertes más reales de lo que aparentan los directivos. En 1999 se estrena 8 milímetros dirigida por Joel Shumacher y protagonizada por Nicolas Cage, una triste cinta elaborada sin condimentos donde lo verdaderamente interesante es su trama es que un policía se infiltra en un mundo de producción snuff, donde terminará vinculándose personalmente.
En España, la obra por excelencia de las películas del genero cine-verité o real es Tesis, protagonizada por Ana Torrent y dirigida por Alejandro Amenábar, director de éxito con tres cintas de juego psicológico: Tesis, Ábre los ojos y Los Otros. En las tres juega con las caras de una muerte y las leyendas del miedo que produce en el hombre, pero es en la primera, en Tesis, donde abarca el género realista hablando sobre las snuff. Su protagonista comienza la cinta asomándose a la pantalla y diciendo: “Hola ...me van a matar”.
La lista sería interminable si además de las filmaciones que tratan de forma directa el género snuff añadiéramos las de carácter realité o underground, por no hablar del gore, donde la sangre salpica en las pantallas continuamente. Desde El Silencio de los Corderos hasta Psicosis encontraríamos un nutrido grupo de violencia en los celuloides.
Un género sanguinario y sádico que ya fue fotografiado y mitificado. ¿Quién no recuerda aquella foto del miliciano que Robert Capa mostró al mundo?, un miliciano de la Guerra Civil española impactado por una bala. Y es que como dice el dibujante Miguel Ángel Martín: “el cine realité, la foto gore o sus propios cómics snuff (Psychopatia Sexualis) no son muertes reales, sino productos de un arte que busca impactar y provocar liberación visual”. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que el mundo clama?. ¿No es eso lo que producen esas imágenes que plagan las cadenas de televisión a las horas de máxima audiencia y en programas abiertos como los noticiarios?. Quién olvidará aquella niña muriéndose durante casi cinco días, agonizante la pequeña de diez años, con sus ojos ensangrentados miró a las cámaras de los reporteros, mientras su cuerpo apresado por vigas se hundía en el agua. Una imagen que nos llegó de Colombia. ¿Quién olvidará aquel presentador de televisión alemán que se suicido en directo?, ¿quién dejará de acordarse de aquellas dos mujeres de Arabia Saudí que murieron lapidadas en 1999?.
La snuff era la muerte asomándose a la videocámara y estás imágenes son eso mismo. Pero como no hay ley que prohíba ni regule ni tan siquiera distinga que es legal o prohibido tardaremos mucho tiempo en saber algo más de la leyenda. Y así en círculos pequeños de Hollywood seguirán visionándose para morbo de algunos aquellos fotogramas donde el hijo de Bruce Lee, Brandon, desparrama sus sexos al ser fogoneado por un proyectil mientras rodaba. Seguirán grabándose copias para pudientes de aquellos soldados muertos durante las Malvinas al salir de un barco norteamericano. Y las personas de a pie seguiremos indiferentes, sin distinguir realidad de ficción. Una ficción que relentiza el disparo de las balas digitalmente para que el espectador disfrute del impacto como sucede en The Matrix o que las mutilaciones parezcan tan reales que sus estómagos se agrien como en el caso de Salvar al soldado Ryan.
Y para que esta sociedad ávida de morbo y adrenalina extraída de la violencia continúe gastando en un mercado de realidad virtual. Seguirán perdiéndose niños, ancianos y prostitutas en todo nuestro planeta, demostrando lo que decía aquella publicidad de snuff : “rodado donde la vida vale poco, cero...y demostrando que ese lugar es en todo el planeta”.

4 comentarios:

  1. Buenísimo informe. Yo estudié cine y unos compañeros armaron una de estas, con efectos especiales caseros, látex, trozos de cerdo y litros de tintura roja. Hay un caso de un director de cine argentino, del que no recuerdo el apellido, que en Brasil lo habían invitado a asistir a una función continuada de estas películas en una sala plagada de gente de poder, pero con torturas reales a mujeres y "mininos". Por lo que recuerdo, se refirió a las funciones como "Circo romano en Miniatura"

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  2. Gracias, Leo. Bueno ya dirás si se puede ver eso que armaron, pero se trataría de una imitación no de una real, al menos eso espero :). Si te acuerdas de ese director ya me dirás. Un saludo

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  3. Lo que buscaban
    http://www.taringa.net/posts/offtopic/12489100/Cine-Snuff.html

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