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domingo, 30 de junio de 2013

Las zonas muertas que transforman a los océanos en desiertos

Una de las más grandes está en el Golfo de México y este año alcanzará un tamaño récord debido a inundaciones que trasladan residuos químicos al mar. El fenómeno, que se ha duplicado en la última década, genera una pérdida de oxígeno que impide la supervivencia de especies marinas.
por Ricardo Acevedo - 29/06/2013 - 13:21


Imagine que está en un sala donde los niveles de oxígeno comienzan a descender dramáticamente. En términos simples, sin este elemento, la vida como la conocemos no se puede sostener y nadie podría sobrevivir. Es lo que a grandes rasgos está ocurriendo en diversas zonas costeras del mundo, debido a la pérdida de oxígeno causada por el uso de fertilizantes, como el nitrógeno en la agricultura, la acuicultura, el uso de combustibles fósiles y la acidificación de las aguas marinas causada por el calentamiento de la temperatura global.


Se trata de verdaderos “desiertos” submarinos que llegan a extenderse miles de kilómetros y que se presentan de manera estacionaria, asociados al aumento de la temperatura del mar. Un paisaje verdoso y desolador se genera en las profundidades, haciendo imposible preservar la vida marina debido a la escasez de oxígeno en los ecosistemas. El fenómeno, que desde que comenzó a ser investigado en los 60 se ha duplicado cada década, alcanzará este año un récord histórico en el golfo de México por el mayor arrastre de nutrientes hacia el mar causado por las recientes inundaciones en Estados Unidos.



Desiertos bajo el mar

Esta región y el mar Báltico se han transformado en las zonas muertas de mayor envergadura en el planeta, pero los estudios señalan que el fenómeno se extiende a las costas de Europa, Japón, China, Nueva Zelanda, Australia y Sudamérica. Aunque en nuestro país estas zonas bajas en oxígeno no han sido estudiadas, observaciones preliminares indican que se presenta en algunas áreas del sur con intensa actividad de acuicultura, y se suma la que se forma de manera natural en el norte de Chile debido a la absorción de Co2 que se concentra en la atmósfera.

Lo cierto es que las zonas muertas se encuentran con mayor facilidad en países con una extensa actividad agrícola, dado que el uso de fertilizantes como el nitrógeno es el principal causante de este fenómeno en las zonas costeras. Cultivos como el maíz, por ejemplo, requieren altas cantidades de estos nutrientes químicos, los que no se absorben con facilidad en el suelo y terminan siendo arrastrados al mar por lluvias o inundaciones. Es lo que está pasando este año en el Golfo de México: tras las inundaciones en el sur de EE.UU., un estudio de la Organización Oceánica Atmosférica (Noaa) señala que en el verano en el hemisferio norte se alcanzará un récord histórico, pasando de 4.600 km2 en 2012, a 13.700 km2 este año.

El proceso de pérdida de oxígeno es como sigue: la lluvia arrastra nutrientes como el nitrógeno hasta el mar, lo que provoca un explosivo crecimiento de fitoplancton, algas que utilizan este nutriente para desarrollarse más rápido. Al terminar su ciclo de vida, mueren y se depositan en el fondo marino, donde bacterias realizan su labor de descomposición consumiendo gran parte del oxígeno en esta tarea. ¿El resultado? Especies de peces, crustáceos y toda la riqueza submarina sucumben ante la ausencia de oxígeno. Sobre el océano se aprecia la aparición de zonas rojizas y el surgimiento de abundantes peces muertos flotando en la superficie.

Un estudio dado a conocer por la revista Science en 2008 señalaba que en la década de los 60 se registraron 49 de estas zonas en el mundo, cifra que a la fecha en que se publicó la investigación había aumentado a 405. La evaluación más reciente data de 2011, cuando el World Resources Institute (WRI) reveló que las zonas muertas habían aumentado a 530, a las que agregó otros 238 sitios afectados por el fenómeno conocido como eutrofización, que se asocia a los residuos que resultan de actividades como la acuicultura.

Un ejemplo: datos del proyecto global Pure Salmon, que vela por mejorar estándares ambientales en la salmonicultura, indican que una jaula con 200 mil peces puede contaminar tanto como una ciudad de 65 mil habitantes.

Acuicultura y cambio climático

Alejandro Buschmann, especialista del Centro de Investigación y Desarrollo en Recursos y Ambientes Costeros de la Universidad de Los Lagos, explica que si bien fenómenos de zonas muertas como las de el Golfo de México no se presentan en Chile, debido a que los arrastres de nutrientes a zonas costeras no son de la misma envergadura, se requieren más estudios en torno al impacto de actividades como la salmonicultura.

Según aclara, todo animal excreta nitrógeno bajo la forma de ure o amonio, elemento que al ser disuelto en el agua produce florecimiento de algas que, al depositarse en el fondo marino, se descomponen causando también una disminución en el oxígeno. “Por ello, fenómenos de eutrofización que se observan en los mares interiores de Chiloé requieren de más atención, porque son un proceso que sí puede tener complejos efectos sobre la biodiversidad costera”, dice Buschmann.

Otros procesos de contaminación también influyen en estos fenómenos, como la quema de combustibles fósiles. Esta acción genera óxido de nitrógeno que se acumula en la atmósfera, pero que se deposita en el mar cuando caen precipitaciones, bajando los niveles de oxígeno en el océano. Fenómenos como éstos se intensifican bajo escenarios de cambio climático, como ocurre de manera natural en la zona del norte de Chile y sur de Perú. Desde el lunes pasado que un equipo de científicos de la National Science Fundation se encuentran recorriendo el norte a bordo de un rompehielos, como parte de una investigación que durante tres semanas investigará el fenómeno en colaboración con especialistas chilenos.

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